Durante los últimos dos años, el discurso parecía inevitable. La inteligencia artificial iba a sustituir millones de empleos, las empresas reducirían costes de forma drástica y quienes no automatizaran rápido se quedarían atrás. En los consejos de administración, en LinkedIn y en las presentaciones para inversores se repetía la misma idea: menos personas, más algoritmos. […]
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